Congreso sin respaldo popular
Durante la Era Fujimorista, los partidos políticos, denominados «minoría», apenas podían respirar, mucho menos podían hablar. Estaban neutralizados por el poder del ahora súbdito japonés y el temido Vladimiro, que no dejo de «televisar» a varios de los congresistas.
Ahora que estan en el poder no atan ni desatan. Ya no pueden excusarse que «el chino y sus geishas» no nos dejan trabajar. Están peor que antes. Todos se pelean, se insultan, son especialistas para crear comisiones de investigación que es la mejor técnica para perder tiempo y cobrar jugosos sueldos.
El Apra, sigue con su politica de obsctrucción, abogado del diablo, y están en la creencia que con el bla, bla, bla, podrán controlar el Coingreso para más tarde llegar al poder absoluto del país. Tampoco hacen nada.
Popularidad del Congreso
A estas alturas, la caída de la popularidad del Congreso de la República es tan contundente que negarla sería como negar la existencia de la ley de la gravedad. Hace por lo menos un año que esta tendencia se viene acentuando, y al interior del Congreso no asoma ninguna fuerza o grupo parlamentario capaz de revertirla.
El diario Expreso viene denunciando objetables privilegios de los congresistas y aparece la última encuesta elaborada por la prestigiosa Universidad Nacional de Ingeniería, (UNI) en la que se observa que un 67% de la población desaprueba la labor del Congreso, mientras que tan solo un quinto de ella (20.4%) la aprueba.
El Parlamento, junto con el Poder Judicial, son las instituciones más desprestigiadas del país, según este sondeo de opinión. Sin embargo, el primero exige descaradamente la reestructuración del segundo. ¿Con qué autoridad moral? Eso es lo que se pregunta la ciudadanía.
Para graficar lo extremo de esta situación, la encuesta de la UNI revela que el actual Congreso registra la más alta desaprobación de los últimos veinte años, un verdadero récord.
Cómo será el disgusto popular que el pueblo rechaza al actual Congreso aún más que al Parlamento fujimorista.
El tema que merece un paréntesis es el que se refiere a quién debe elaborar la nueva Constitución. El resultado de la encuesta confirma clamorosamente que la mayoría abrumadora se inclina por que sea una Asamblea Constituyente.
El desprestigio parlamentario tiene como fundamento tres causas.
En primer lugar, el Congreso aparece como una institución privilegiada, una suerte de "apartheid" frente al resto de los ciudadanos.
En segundo lugar, la producción legislativa es muy pobre, y con generación de leyes incoherentes que alejan la inversión privada y profundizan el déficit fiscal; parte fundamental de este comportamiento incoherente es la inaceptable manera en que los congresistas vienen tratando de imponer su reforma constitucional.
En tercer lugar, el recinto parlamentario se ha convertido en un espacio de disputas intestinas que no tienen cuándo acabar, lo que erosiona aún más la mala imagen de los parlamentarios
Imaginando el escenario político durante los siguientes meses, de marzo a julio, momento en el que se pretende retomar el debate constitucional, este sustancial desprestigio congresal puede terminar descalificando por completo su intento de elaborar una nueva Constitución sin haberle consultado al pueblo previamente acerca de su posición con respecto a esta reforma.
El texto constitucional que sometería el Congreso a referéndum llevará en sí mismo el claro sello de la derrota.