Entre el presidente y el canciller
¿comienza el punto de quiebre?
Escribe Juan Mariátegui
A la ceremonia del "Día del diplomático peruano" (1 de agosto) el presidente Alejandro Toledo no asistió, pero remitió su discurso, el cual fue leído por el ministro en el SDR Luis Chuquihuara.
Posiciones disímiles hubo entre el presidente y el canciller respecto a la democracia y la reconciliación dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Lo que dijo Toledo
El jefe de Estado expresó: "En las dos últimas décadas, el Perú tuvo un rumbo equívoco en materia de política exterior. A fines de la década de los 80, nuestro país se encontraba aislado del sistema financiero internacional. Al finalizar la década de los 90, producto del nefasto régimen autocrático que violó sistemáticamente los principios democráticos, el Perú se encontraba disociado de la comunidad democrática de naciones. En esos años transitamos de la desconexión económica al aislamiento político, como consecuencia de percepciones erróneas del escenario internacional".

Toledo hizo un deslinde entre la década fujimorista (como un todo) y su gobierno iniciado el 28 de julio de 2001, añadiendo: "quiero ser claro al expresar que la cancillería no fue ajena a la crisis de valores y a la cooptación política que fue objeto el Estado Peruano durante el régimen autoritario de la década del oprobio".

Se pronunció por la normalización del Servicio Diplomático, precisando: "en estos dos años ha continuado este proceso de reinstitucionalización del SDR como parte de la recuperación democrática del Estado Peruano. En ese contexto he tomado debido conocimiento de las medidas administrativas recientemente adoptadas por el canciller Wagner a propósito de las comisiones de investigación que ustedes mismos han conducido" … "corresponderá a ustedes continuar con el proceso de reinstitucionalización del servicio". Aquí, hay una voluntad de disociarse de los mecanismos internos para llegar a esa meta, sin avalar o propiciar otras medidas. Lo cual, compete a Allan Wagner.

En su discurso, el canciller no establece una separación entre el "régimen autoritario de la década del oprobio" fujimorista (como lo afirmó el primer mandatario) y el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Su "profesionalismo" algunas veces sesgado, le produce astigmatismo y le hace sobredimensionar a Torre Tagle.

Precisó que, todos los desaciertos no se los puede llevar sólo Fujimori o el ex canciller Oscar De la Puente (es más cómodo retirar condecoraciones a los que no pertenecen al SDR).

Al formar parte del engranaje del poder, no puede haber un Fujimori malo y una cancillería angelical.

Wagner aprovechó la ocasión para pretender dar inicio a un proceso de "reconciliación"; el fin era bueno pero los medios que empleó no fueron los convenientes. Para sorpresa de todos, se quedó solo. No hubo entusiasmo de los pocos que quería desagraviar de la época fujimorista ni de la mayoría que no aceptó convalidar tamaño despropósito. Con candidez política proyectó una mise en scène que no tuvo resultados.

Explicó lo que entiende por "reconciliación" entre los miembros del SDR. Cierto es, hubo reposición de los 117, tres comisiones de la Verdad investigaron y dieron mayores alcances que la benigna decisión administrativa del canciller, a pesar que la coyuntura lo exigía de otra manera y a gritos.

El también canciller del régimen aprista (1985-88), considera el ingrediente sicológico como determinante para la reconciliación, lo que se dará en el "trabajo cotidiano y en el ejercicio de la convivencia institucional" … "día a día, mes por mes, y año tras año tesoneramente, podremos rescatar en el trabajo los valores institucionales" … los "exhorto también a deponer de una buena vez, antagonismos y rencores que sólo alimentan la insidia y la desunión, como también la soberbia y altanería de quienes alguna vez se sintieron dueños de destinos ajenos".

Wagner perdió la
gran oportunidad
Wagner no fue, ni es, ni será cirujano en política. Quiere institucionalizar un cierto masoquismo, imponiendo a la mayoría que conviva con gente casi acabada que es la antítesis de la ética que se pregona siempre en la Academia Diplomática. Por lo tanto, no convenció ni a unos ni a otros, y perdió la oportunidad de ser grande, un estadista. Su percepción errada sobre la reconciliación no le hace bien a Torre Tagle. Tampoco al gobierno de Alejandro Toledo, que no se ha atrevido a hacer una reorganización del Ministerio de Relaciones Exteriores, como lo es en las Fuerzas Armadas y en la Policía Nacional.

En una institución tutelar, la reconciliación es importante pero no por el camino que Allan Wagner ha elegido. En la ceremonia del 1 de agosto, invitó a todos los ex cancilleres, pero asistieron solamente el primer canciller de Fujimori (curiosamente, hoy embajador político de Toledo en Ecuador) y José De la Puente (gobierno de Morales Bermúdez). Sorpresa, más numerosos fueron los ex vicecancilleres del fujimorato a quienes les había prometido reivindicarlos públicamente en Torre Tagle, como lo fueron los 117 en Palacio de Gobierno. Preciso que, el discurso coherente del presidente Toledo desautorizó todo intento de llegar a los desagravios promovidos por el canciller.

A Allan Wagner, le reitero que la reconciliación no es por el camino del "borrón y cuenta nueva", ni menos por el encubrimiento o la impunidad, evadiendo la Ley General de la Administración Pública y aplicando con notoria demora y con suma blandura la Ley del Servicio Diplomático. Igualmente, el 1 de agosto, se comprobó que no quería dañar "amiguismos" bien establecidos en estas tres últimas décadas. Pregunto ¿de qué ética hablamos, de aquella que no sanciona las faltas o los delitos de varios funcionarios?

Los demócratas exigimos que Torre Tagle sea una institución tutelar que defienda los intereses nacionales y que no sirva de preferencia para "tutelar" los intereses particulares. Reconciliación sí, pero institucional y no de cofradía, del hoy por tí, mañana por mí.



Juan Mariategui es abogado. Doctor en Historia de las Ideas Políticas en Francia, Doctor en Ciencia Política en Bélgica, Durante 14 años fue catedrático en universidades de Europa y Africa y ha publicado varios libros, como «El diferendo fronterizo Ecuador-Perú» (1994-1997, Reflexiones en voz Alta» y también «El 5 de abril... Política Exterior Peruana.», obra polémica donde analiza con sagacidad y espíritu didáctico la política internacional.
Juan Mariategui ha sido invitado para que colabore en nuestra publicación y desde ya, le damos la bienvenida y agradecimientos. El Editor

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