Con anteojeras
A los caballos de carrera, por el hecho que son animales muy nerviosos, les colocan «anteojeras» para que no se distraigan cuando están en plena carrera compitiendo con otros no menos iguales que ellos de nerviosos. Igualmente, los invidentes usan anteojos ahumados para disimular la ceguera o los payasos que usan máscaras para que no se sepa de su identidad.

Caso metafórico viene ocurriendo en el Ministerio de Relaciones Exteriores con nuestro Servicio Diplomático. Más de uno protestará diciendo «yo no soy así», aunque muchos de ellos son como las nobles bestias que se ponen nerviosos cuando se les hacen preguntas. He notado que cuando he conversado con algunos de ellos, siempre presentan alguna excusa y peor aún, que ellos mismos creen lo que dicen, sin sonrojarse. Magnífico entrenamiento.

No dejan de existir aquellos que miran y no ven y si ven, no miran, porque no les conviene. Hamlet con su máxima: Ser o no Ser es como niño de pecho al lado de muchos diplomáticos, que dirían: Hacer o no hacer. Total, que han pasado los años (Peor desde Velasco Alvarado y otros gobiernos), originando el desbande de maleantes diplomáticos que están más sucios que palo de gallinero.

Estuve tres semanas en Lima el mes pasado y pude leer con cierta complacencia, que los diarios limeños han llenado páginas denunciando los actos criminales de algunos diplomáticos. Ya era hora. Eso quiere decir que no estamos solos, ya que desde hace casi tres lustros, con «pelos y señales» hemos venido publicando lo que sucede entre nuestros consulados.

A pesar que he tenido la oportunidad de conversar con varios cancilleres, explicándoles los problemas, ninguno hizo nada, absolutamente nada. Ni siquiera intentaron enrumbar la institución que esta plagada de indeseables diplomáticos.

A veces pienso que el Ministerio de Relaciones Exteriores es como un campo santo de muchos entuertos y nadie osa abrir las lozas donde descansan muchos casos de corrupción. Entre gitanos no se adivinan la suerte.

¿Se han dado cuenta que hasta el momento, ningún diplomático ha sido juzgado y sentenciado con pena de cárcel.? Todo lo contrario, han sido hasta ascendidos y destacados a embajadas.

Cancillería, como señal que desea «reinventar» su institución, debería eliminar la categoría de embajador que, en la realidad, no existe justificación para tal distinción. Si fueran eficientes, por qué viajan desde Lima otros «colegas embajadores» que realizan el trabajo que deben hacer las embajadas. Ese detalle demuestra que no tenemos embajadores de lustre y cada viaje que hacen d desde Lima son centenares de miles de dólares que se malgastan.


Canciller Allan Wagner: El peor de todos sus antecesores
Allan Wagner fue asignado para ocupar el puesto de gran responsabilidad en el Ministerio de Relaciones Exteriores y responsable directo de todo lo que ocurre en ese ministerio.
El Club de los Amigos o Cofradías siempre ha sido el Talón de Aquiles de los que ostentan el poder y Allan Wagner, no es una excepción.
Wagner sabiendo que a nivel de consulados y embajadas, donde se esconden sus colegas, elementos nocivos, aparte de ineptos, perjudican no solamente al Estado, sino también a nuestros conciudadanos, sobretodo cuando se les permite que sigan cometiendo las mismas atrocidades, con mayor énfasis, desde hace 14 años.
Ninguno de los ex cancilleres hicieron «algo» por subsanar tantos entuertos y sobretodo, purificar las filas de la institución.
Al placentero Wagner, se le pueden parar las moscas en la nariz y es incapaz de espantarlas.
Antes de viajar a Washington D.C., como embajador, tuvimos una sesión interesante sobre los problemas que existen en los consulados y la misma embajada. Prometió remediar la situación. No lo hizo.
Siendo Canciller, con poder absoluto, conversamos nuevamente con él, sobre los Consejos de Consulta, la realidad de los peruanos en el extranjero, el infame comportamiento de algunos cónsules, sobre la Comisión de la Verdad y total: Nada.
Sin embargo, aprobó los viajes de Colunge a California y a otros como la Cónsul Silva Silva a New Jersey y a Pelaez en New York, que siguen ganando suculentos sueldos, injustificadamente.
Y aquí viene lo peor, Wagner declaró que al embajador Villarán, lo destituían de RR.EE. cuando ya estaba jubilado.
¿Cómo explica eso en buen cristiano, si es que cree en la religión y la verdad completa y no a medias.? A los otros angelitos, tan sólo los sancionaron con amonestación y suspensión de un mes.
O sea que los diez largos y angustiosos años que sufrieron inocentes y dedicados diplomáticos, de nada sirvieron para castigar con sanción ejemplar a los culpables de sus sufrimientos.
Pero, al compás de un cha cha cha, permitió que regresaran aquellos que siguen robando y cometiendo actos dolosos como para ser expulsados del servicio diplomático. No ha sabido ordenar una nueva investigación para depurar ese ministerio.
Allan Wagner, ha demostrado, tan igual como sus antecesores, falta de decisión y carácter para imponer disciplina y orden.
Allan Wagner debería renunciar al puesto.

.
Antes que todo, el PERU
©Prohibida la reproduccíon total o parcial de esta publicación sin previa autorización
de Mayta Multimedia Enterprices Inc.
Escribanos y envienos sus comentarios y sugerencias. Gracias. El Editor